El Arco: La unión hace la fuerza
El arco es la forma natural en que se conducen las cargas verticales hacia los lados para salvar un vano. Para trasladar esas fuerzas usando materiales que solo resisten compresión no hay otra solución que curvarse. Por lo tanto, arquearse es buscar una trayectoria de fuerzas de compresión que sea capaz de cumplir esa misión de descarga.
La estrategia que utiliza el arco es la de tomar una forma que le permita comportarse como si tuviera más entidad que la que tiene. Su fuerza no es la cantidad de material que posee, sino la curva en la cual lo coloca. El arco hace que la línea de compresión dibuje una trayectoria continua en el espacio y optimiza su escasez de materia colocándola a lo largo de esa trayectoria.
Una misión colosal

El arco es uno de los más nítidos ejemplos de que la unión hace la fuerza en arquitectura. Es el éxito de muchas piezas pequeñas colaborando para cumplir una misión colosal.
Ninguna de esas piezas –dovelas- es capaz de hacer nada por sí sola, pero sabe trabajar con sus compañeras. Honrando su compromiso, toma la carga que le toca y se la pasa a la siguiente con una encomienda de continuidad. Todas juntas forman una orquesta bien afinada.
A la dovela que se coloca la última, en lo más alto, la llamamos clave porque creemos que es la más importante. Pero un arco es una democracia, y todas las dovelas son igual de necesarias y enjundiosas. Ninguna de ellas funciona ni sirve para nada hasta que no están todas juntas, y por eso tendemos a pensar que es la última la que tiene el protagonismo, la experta que viene con la solución al problema. Pero en realidad todas las dovelas son la primera y la última, y si construyéramos el arco en otro orden, empezándolo y terminándolo en otros puntos cualesquiera, siempre sería la última pieza, fuera la que fuera, la que haría que todas cobraran sentido. Pero no por ser ella la principal, sino porque ya estarían todas, que es lo que cuenta.
Como hasta que un arco no está terminado no resiste nada, y ni siquiera es capaz de aguantarse a sí mismo, necesita una especie de muleta en la que irse apoyando, que se llama cimbra y es una cama con la forma curva adecuada sobre la que se van colocando las dovelas, a las cuales soporta hasta que se cierra el conjunto. Entonces, con la misión cumplida, se retira a sus aposentos
Un sistema en equilibrio

Todo arco es un sistema en equilibrio, una rara pirueta de piezas sueltas que no se desmoronan porque es la carga la que las une y las mantiene. La misma compresión que ha de resistir es la que lo sustenta. Y cuando la carga que tiene que soportar es escasa, el propio peso del arco lo ayuda a mantenerse equilibrado.
El arco se inventó sin saber nada de la actual y muy enjundiosa “teoría del arco”. Sus constructores sabían lo que hacían sin saber que lo sabían. Su aprendizaje era iniciático: se transmitían verbalmente las arcanas reglas de trazado.
Cientos de clases de arcos

Existen cientos de formas y clases de arcos, y no solo sería agotador, sino imposible, intentar citarlas todas. Pero podemos mencionar unas pocas muy señaladas:
El arco de medio punto tiene la forma de media circunferencia. Es quizá el primer arco que se nos viene a la cabeza. Es limpio y elegante, el romano –y después también románico y renacentista- por excelencia. Tiene la sobria elegancia de lo perfecto, pero no es el que posee el trazado más eficaz, porque su parte superior es demasiado horizontal.
El arco apuntado no tiene una continuidad curva, sino un vértice en su parte superior. Es mucho más eficaz que el de medio punto, pero pierde esa serenidad clásica. Es propio del gótico y también de algunas clases de arquitectura oriental.
El arco parabólico es aún más eficiente que el apuntado y además tiene un trazado curvo continuo. La parábola es la curva inversa –antifunicular- a la que tomaría un hilo tendido que tuviera que resistir una carga uniformemente repartida a lo largo de una horizontal. Era el arco favorito de Gaudí, tanto por esa propiedad antifunicular como por su aspecto curvo, sensual y anticlásico.
El arco de herradura es de más de media circunferencia, de manera que en los apoyos es más estrecho que en su centro. Es decir, su circunferencia tiene más diámetro del que hacía falta para salvar la anchura del hueco. Es originario de la arquitectura persa sasánida, y de ella lo adoptaron los bizantinos, los visigodos y los omeyas andalusíes.
El arco lobulado es una fantasía, un fractal, un arco trazado con sub-arquitos. Los más modestos son los trilobulados, pero son más llamativos los polilobulados. Nacieron en Oriente Próximo y fueron adaptados como variante compleja de los de varios estilos arquitectónicos.
Estos arcos nos hablan de todo tipo de culturas, de funciones, de usos, de intenciones, de comportamientos, de gustos, de simbolismos, de evocaciones, y de sistemas. Parece increíble que algo aparentemente tan sencillo sea tan opulento.



